Un paso más: la frase distingue entre el tiempo como medida y el tiempo como identidad. Medir el tiempo —calendarios, agendas— es práctico; convertir el tiempo en una “cosa” que nos persigue es otra historia. Cuando el pasado se vuelve culpa fija o el futuro se vuelve amenaza permanente, dejamos de usar la memoria y la anticipación como funciones, y empezamos a ser usados por ellas.
Aquí la transición es crucial: si pasado y futuro solo aparecen como contenidos presentes, entonces el sufrimiento ligado a ellos también es abordable en el presente. No se trata de “borrar” recuerdos o dejar de planear, sino de ver con precisión cuándo estamos recordando y cuándo estamos anticipando, en lugar de confundirlo con lo que está ocurriendo. [...]