Llevando la reflexión al terreno creativo, Matisse parece defender también el valor del gesto libre. En muchas de sus obras, especialmente en sus recortes tardíos, la energía de la mano no se esconde: se exhibe. Esa franqueza formal sugiere que crear implica aceptar el riesgo, permitir que la materia responda de manera no del todo controlable y confiar en que allí aparezca una verdad visual.
Por eso, la imperfección puede ser señal de valentía artística. Pablo Picasso dijo: “Me llevó cuatro años pintar como Rafael, pero toda una vida aprender a dibujar como un niño”. La anécdota resume una idea cercana: después del dominio técnico, muchos artistas buscan recuperar la frescura de lo no excesivamente corregido, donde aún late la espontaneidad. [...]