Siguiendo esa inversión, “llegar a ser joven” suena a un regreso, pero no a una regresión. Se trataría de recuperar la capacidad de asombro sin perder lo aprendido, como quien vuelve a mirar el mundo con ojos limpios, aunque ahora conoce sus sombras. En ese sentido, la juventud no sería ignorancia, sino una forma de lucidez ligera.
Esta idea recuerda el tono de ciertas tradiciones filosóficas: Nietzsche, en “De las tres transformaciones” de Así habló Zaratustra (1883), describe un tránsito hasta el “niño” como símbolo de un nuevo comienzo. Así, lo juvenil aparece al final de un proceso, cuando la vida ya ha enseñado sus reglas y uno decide crear de nuevo. [...]