Por el contrario, la calma prolongada tiende a adormecer el estímulo para cuestionar o buscar nuevas perspectivas. Tagore sugiere que el pensamiento vigoroso no nace en la quietud absoluta, sino del contraste entre paz y conflicto. Esta dialéctica fue explorada también por Simone Weil, quien en sus ensayos vinculó la intensidad del sufrimiento con una mayor lucidez y sensibilidad mental. Así, la tempestad emocional o social impulsa la búsqueda de respuestas más complejas y profundas. [...]