Tras esa crítica, Newport apunta a un mecanismo concreto: la sobrecarga. No es solo estrés; es la fragmentación de la atención, el exceso de frentes abiertos y la sensación de urgencia constante. Cuando cada minuto está tomado por microtareas, disminuye el espacio mental necesario para pensar, diseñar, escribir, programar o decidir con claridad.
En consecuencia, la sobrecarga deja de ser un “estado heroico” y se vuelve un obstáculo operativo: hace más probable repetir lo conocido, reaccionar en vez de planear y producir entregables superficiales. El costo no siempre se ve de inmediato, pero se nota en el largo plazo: proyectos que no maduran, decisiones pobres y trabajo que no destaca. [...]