Luego, el remate “y no dejes que nadie te diga lo contrario” revela el verdadero objetivo: defenderse de quienes imponen un sentido único de la existencia. La broma se vuelve resistencia, porque ridiculiza la autoridad que pretende dictar qué debe ser una vida “correcta”. En esa línea, Vonnegut suele usar el humor para señalar la crueldad de las jerarquías y la fragilidad de las certezas, como se percibe en *Slaughterhouse-Five* (1969), donde lo absurdo convive con el trauma.
Así, reírse de lo escatológico no es infantil; es una manera de negar el monopolio de la gravedad y de recordar que la verdad a veces entra mejor por la carcajada. [...]