Frente a esta serenidad aparece la mano frenética, símbolo de la acción precipitada que confunde movimiento con progreso. La prisa, el enfado y la ansiedad empujan a actuar sin medir consecuencias, levantando puentes apresurados que se derrumban ante el primer peso real. En sus tratados sobre la ira, como *De ira*, Séneca advierte que la cólera es una breve locura: en ese estado se habla, se decide y se construye contra uno mismo. Así, la frenética urgencia de ‘hacer algo ya’ suele generar errores que luego exigen aún más esfuerzo para reparar lo que nunca debió hacerse así. [...]