Postergar no solo retrasa un proyecto; también erosiona identidad y confianza. Cuando alguien se dice durante años “todavía no estoy listo”, termina construyendo una autoimagen de aspirante eterno. Además, el mercado, las tendencias y hasta la motivación personal cambian, de modo que la preparación acumulada puede quedarse obsoleta.
En contraste, quien empieza pronto acumula activos compuestos: portafolio, relaciones, criterio y tolerancia al error. Incluso si el comienzo fue malo, deja una huella verificable. Con el tiempo, esa evidencia vale más que cualquier intención bien escrita en un cuaderno. [...]