Siguiendo esta línea, la vida se presenta como la auténtica maestra. Mientras que la educación académica puede estructurar nuestro pensamiento, son los desafíos cotidianos, las relaciones personales y las decisiones difíciles las que cincelan nuestro juicio y carácter. Ejemplos como la resiliencia ante el fracaso o el valor de la empatía demuestran que lo esencial se aprende interactuando con el mundo, no aislados de él. [...]