Enseguida, la noción de don se ensancha: no es solo un talento excepcional, sino cualquier capacidad que, al compartirse, se vuelve útil. Cocinar, escuchar con atención, explicar un concepto difícil o programar una herramienta sencilla también pueden alumbrar.
Este desplazamiento de la autoexpresión al servicio se apoya en comprender la diversidad de habilidades humanas. Howard Gardner, en Frames of Mind (1983), mostró múltiples inteligencias que desbordan la visión estrecha del «genio» clásico. Al poner el don donde hace falta, la luz cambia de dirección: deja de apuntar hacia uno mismo y se orienta hacia los demás. Así, lo que somos encuentra propósito en lo que ofrecemos. [...]