Más cerca de nuestro tiempo, la psicología explica que muchas emociones negativas aparecen por discrepancias: cuanto mayor es la distancia entre “debería ser” y “es”, mayor el malestar. Una anécdota común lo muestra: alguien organiza una cena imaginando una velada impecable; basta un retraso o un comentario torpe para que la noche “se arruine”, no por el hecho en sí, sino por el contraste con la película mental.
Bajar expectativas reduce esa brecha y, con ella, la reactividad. No elimina problemas, pero sí impide que cada imperfección se convierta en un escándalo interno. [...]