Si el código se escribe para ser leído, entonces se parece menos a una “instrucción a la máquina” y más a una carta al equipo. En esa carta importan el vocabulario (nombres), la estructura (módulos, funciones), y el tono (consistencia y estilo). Abelson, desde el espíritu de *Structure and Interpretation of Computer Programs* (Abelson y Sussman, 1985), trata la programación como un medio para expresar ideas con precisión.
De ahí se desprende una consecuencia práctica: cuando un fragmento de código obliga a “adivinar”, ya está fallando como comunicación. La computadora lo ejecutará igual, pero el lector humano pagará la deuda en forma de tiempo, errores y fricción. [...]