Ahora bien, el autocontrol mental también es ambiental: no basta con “ser fuerte” si el contexto está diseñado para secuestrar atención. Por eso, poner límites —horarios de consumo digital, curar fuentes, evitar la exposición constante a indignación— actúa como higiene mental. Igual que no todo alimento conviene al cuerpo, no todo contenido conviene a la mente.
Este punto enlaza con la frase original: si no eliges tu entorno cognitivo, otros lo elegirán por ti. Y lo harán optimizando por clics, por dependencia o por influencia, no por tu bienestar. Proteger la atención es, en ese sentido, proteger la capacidad de pensar por cuenta propia. [...]