La frase de Haemin Sunim no describe una agenda cargada; propone un giro de perspectiva. En lugar de dar por hecho que el mundo “está ocupado”, nos invita a considerar que la sensación de prisa puede nacer en la mente que interpreta, anticipa y evalúa cada estímulo. Ese cambio es sutil pero decisivo: lo externo deja de ser el único culpable y aparece el espacio de elección interna.
A partir de ahí, la pregunta funciona como un diagnóstico amable. Si todo parece urgente, quizá no sea porque todo lo sea, sino porque nuestra atención está fragmentada. Y si la atención está fragmentada, lo que se percibe no es tanto la realidad como un torbellino de interpretaciones sobre ella. [...]