En esta sentencia, Séneca enlaza el azar con la responsabilidad personal: la fortuna no es un talismán, sino una ocasión que solo aprovecha quien se ha formado. En las Epístolas Morales, insiste en que el rumbo antecede al viento: “a quien no sabe a qué puerto se encamina, ningún viento le es favorable”. Así, preparar la mente a diario significa cultivar juicio, templanza y constancia para responder con acierto cuando se abren oportunidades. Además, la tradición estoica distingue entre lo que controlamos y lo que no; por eso, la disciplina no busca dominar el azar, sino volvernos aptos para obrar bien en cualquier circunstancia. Desde esta base, la fortuna deja de ser capricho y se convierte en catalizador de una virtud ya entrenada. [...]