Curiosamente, el conocimiento íntimo del lado feo puede convertirse en una fuente de competencia y de empatía. Quien ha visto las partes difíciles entiende mejor por qué fallan los sistemas, por qué la gente se quiebra y qué se necesita para mejorar procesos, relaciones o instituciones. Esa experiencia suele producir una sabiduría menos espectacular, pero más útil.
En continuidad con esto, la “suciedad” puede revelar lo esencial: qué prácticas son realmente efectivas, qué sacrificios son negociables y cuáles destruyen el propósito. Así, lo feo no solo desgasta; también depura. [...]