La frase de Howard Zinn desplaza de inmediato nuestra mirada: en lugar de imaginar el futuro como una meta lejana, lo presenta como una cadena interminable de instantes presentes. Así, cada decisión cotidiana deja de ser trivial y adquiere un peso moral, porque el mañana no aparece de golpe, sino que se construye en la textura de lo que hacemos hoy. En ese sentido, esperar un momento ideal para actuar equivale a posponer indefinidamente la posibilidad de un mundo mejor.
A partir de esta idea, vivir ahora según nuestros valores se convierte en una forma concreta de intervención histórica. Zinn, historiador de A People’s History of the United States (1980), insistió en que la transformación social no depende solo de grandes líderes o eventos excepcionales, sino también de personas comunes que encarnan en el presente la justicia que desean ver ampliada. [...]