Después de experiencias intensas —duelos, migraciones, rupturas, violencia— es común sentir que una versión de uno mismo “murió” y otra nació. La literatura sobre trauma ha señalado cómo el relato interno puede fracturarse y luego reorganizarse; Bessel van der Kolk, en *The Body Keeps the Score* (2014), expone cómo el cuerpo y la memoria reescriben la identidad tras el impacto.
En ese sentido, la frase también puede leerse como una declaración de resistencia: he tenido que convertirme en muchas personas para atravesar lo vivido, pero ninguna de esas transformaciones me quitó mi condición de sujeto. Cambiar fue una forma de seguir siendo. [...]