Frank Morgan, con su célebre frase, desafía la creencia convencional de que la grandeza de un corazón reside únicamente en su capacidad de amar. Sostiene que el auténtico valor se refleja más en la cantidad de amor que uno es capaz de inspirar en los demás. Esta perspectiva nos invita a repensar la naturaleza del afecto como una fuerza que no solo se da, sino que también se atrae y se refleja en quienes nos rodean. [...]