A continuación conviene distinguir entre calma y fuga. Dejar que el agua repose no significa negarse a actuar cuando hace falta, sino elegir el instante y la forma adecuados. Primero se busca ver con nitidez; luego, con esa visión, la acción puede ser más precisa y menos destructiva. La intervención, cuando llega, ya no es manotazo sino gesto deliberado.
En este sentido, la frase enseña un criterio: si lo que haces aumenta la confusión, probablemente estás agitando el recipiente. Si lo que haces crea espacio, tal vez estás permitiendo que el sedimento caiga. El reposo se vuelve una etapa activa del proceso: la preparación de la claridad que guía la acción. [...]