A partir de ahí, la cita también sugiere que solo quien ha obedecido puede mandar con justicia. Haber estado del otro lado de la relación de autoridad permite medir el tono, la dificultad y las consecuencias de una orden. No se trata únicamente de eficacia, sino de humanidad: el buen líder sabe que detrás de cada instrucción hay esfuerzos, temores y dignidad.
Esta idea aparece en muchas tradiciones políticas y éticas. Confucio, en las Analectas (siglo V a. C.), vinculó el gobierno recto con la autocorrección y el ejemplo moral antes que con la imposición. Del mismo modo, Franklin insinúa que mandar bien exige haber internalizado la experiencia de la disciplina, porque sin esa memoria el poder corre el riesgo de volverse arbitrario. [...]