En coherencia con esa hospitalidad, la humanidad ha enviado señales que son auténticas cartas de presentación. El Voyager Golden Record (1977), impulsado por Sagan y su equipo, no juzga a posibles oyentes; muestra quiénes somos con música, saludos y sonidos de la Tierra. Antes, el Mensaje de Arecibo (1974) fue un saludo matemático al cielo. Estos gestos encarnan la idea central: no medimos al universo con nuestros estándares; más bien, le ofrecemos un puente para el encuentro. [...]