Luego está el punto más duro de la cita: no trabajar “ni por un día”. Ravikant apunta al fenómeno de la inercia social y profesional: una vez que empiezas, se vuelve más fácil seguir que detenerse. Aparecen compromisos, dependencias técnicas, conversaciones pendientes y, sobre todo, la esperanza de que “ya mejorará”. Esa esperanza es una deuda emocional.
Un ejemplo típico es el acuerdo informal: “probemos una semana”. Si en esa semana ya hay señales de deshonestidad o falta de respeto, el costo de cortar no baja con el tiempo; sube. La advertencia, entonces, es preventiva: evita entrar a un vínculo que te exigirá valentía constante para salir. [...]