La crítica de Taleb encaja con la economía de la atención: cuando el ingreso depende del tiempo de permanencia, el producto se optimiza para retener. Así, lo que se presenta como herramienta termina actuando como un molde de conducta, donde recompensas variables, scroll infinito y notificaciones fragmentan el foco.
En ese contexto, la falta de conciencia es crucial. Un esclavo sabe que su tiempo no le pertenece; el usuario, en cambio, puede sentir que se “relaja” mientras su atención es dirigida. El resultado no siempre es dramático, pero sí acumulativo: menos capacidad de concentración, más impulsividad, y una vida mental colonizada por estímulos externos. [...]