En el universo de Carroll, esta idea se vuelve fábula corporal: Alicia cambia de tamaño tras beber del frasco “Bébeme” y comer el pastel “Cómeme”. En Consejos de una oruga (cap. 5), la propia Alicia vacila: “Apenas sé, señora, quién soy yo en este momento”. Más adelante, en Alicia en el País de las Maravillas (1865), cap. 10, declara: “No puedo volver a ayer; entonces era otra persona”. Así, el cambio físico satiriza la metamorfosis psicológica: perderse y encontrarse son fases de un mismo proceso. El cuento convierte la confusión en pedagogía: conocer el mundo exige aceptar que también nos des-conoce y nos rehace. [...]