Concretamente, los estoicos proponían ejercicios diarios: premeditatio malorum para ensayar dificultades, pausa de asenso para no creer el primer impulso, y examen nocturno para aprender de la jornada. Meditaciones II.1 invita a preparar la mente al amanecer ante personas difíciles y contratiempos. Pierre Hadot, en La ciudadela interior (1992), describe esta disciplina como una acrópolis íntima: un bastión de lucidez que se fortalece con hábitos pequeños y repetidos. [...]