Al resaltar el poder de las pequeñas elecciones, la frase desplaza el papel del azar y nos devuelve la responsabilidad creativa. No se niegan las circunstancias externas, pero se subraya que siempre queda un margen —aunque mínimo— para elegir la siguiente dirección. Este enfoque resuena con la idea existencialista de que estamos ‘condenados a ser libres’, popularizada por Sartre en el siglo XX: incluso no elegir ya es una elección. Asumirlo puede resultar incómodo, pero también liberador, porque transforma a cada persona en coautora del mapa que recorre. [...]