Si ampliamos el foco, el fingimiento ocurre casi siempre ante otros, y ahí aparece lo social. Erving Goffman, en *The Presentation of Self in Everyday Life* (1956), describe la vida cotidiana como una dramaturgia: ajustamos gestos, lenguaje y relatos según el público. Vonnegut no niega esa necesidad práctica, pero señala su riesgo: cuando la representación se vuelve constante, puede reemplazar al criterio interior.
De este modo, el “yo” puede acabar siendo una suma de papeles optimizados para aprobación. La transición es sutil: primero actuamos para encajar, luego encajamos tanto que olvidamos qué parte era actuación. [...]