A continuación, la ciencia cognitiva respalda esta intuición. Estudios sobre la divagación mental y la “red por defecto” muestran que, cuando estamos ociosos, la mente tiende a rumiar (Smallwood y Schooler, 2015), mientras que las tareas dirigidas activan redes atencionales que reducen ese bucle (Fox et al., 2005). En paralelo, la experiencia de flujo descrita por Csikszentmihalyi (1990) explica por qué una tarea moderadamente desafiante absorbe la atención: la claridad de metas y retroalimentación inmediata desalojan a la duda del primer plano. [...]