La observación de Abelson cobra fuerza cuando se recuerda que la mayor parte del tiempo de vida de un sistema ocurre después de “funcionar por primera vez”. Los equipos cambian, los requisitos mutan y las urgencias llegan. En ese escenario, un programa opaco se transforma en deuda: cada modificación exige primero descifrar.
Así, escribir para humanos es una estrategia económica además de técnica. Cuanto más claro es el programa, menos fricción hay para corregir errores, agregar funciones o refactorizar sin romperlo todo. La ejecución puede ser incidental, pero el entendimiento es acumulativo: se construye con cada lectura. [...]