Además, la frase apunta a la responsabilidad personal. Al decidir con coraje, uno asume la autoría de su vida, en lugar de delegarla al azar o a la voluntad ajena. Esta actitud recuerda a la ética existencialista del siglo XX, según la cual elegir es inevitable y renunciar a elegir también es una elección. Austen, desde otra tradición, sugiere que la verdadera libertad interior no consiste en no fallar nunca, sino en atreverse a actuar y luego tener la honestidad de corregir el rumbo. [...]