Que la amabilidad se lleve como estandarte no implica grandes hazañas heroicas, sino constancia en lo pequeño. Un saludo sincero, una sonrisa ofrecida sin esperar nada a cambio o ceder el paso en una cola parecen actos menores, pero van tejiendo una atmósfera social distinta. Algo similar se observa en los estudios de psicología social sobre ‘actos aleatorios de bondad’, donde se muestra que un gesto amable incrementa la disposición de quien lo recibe a ayudar a otros, generando una cadena de efectos positivos. Así, el estandarte no es un ornamento, sino un foco de contagio de humanidad. [...]