Luego aparece la elección de una imagen decisiva: la respiración. Respirar es básico, continuo y profundamente humano; también es un acto que se repite sin garantías de perfección, pero con eficacia. Medir en respiraciones implica aceptar el ritmo natural del aprendizaje: avances pequeños, pausas, retomadas. No es una épica de grandes gestas, sino una disciplina de presencia.
Además, la respiración conecta con la atención: cada inhalación puede ser un recordatorio para volver a lo real, a lo que importa. De ese modo, la verdad deja de ser una abstracción distante y se convierte en una práctica inmediata, casi corporal: hoy, en esta decisión, en esta palabra, en este intento. [...]