Para empezar, la afirmación de Gibran revela una verdad antigua: lo blando vence a lo duro. El Dao De Jing de Laozi (c. s. IV a. C.) afirma que “nada es más blando que el agua, pero nada la supera al vencer lo duro”, recordándonos que la constancia de lo suave erosiona la rigidez. En la naturaleza, el río horada la roca no por violencia, sino por perseverancia. Así, la ternura no es renuncia a la fuerza: es otra forma de ejercerla, una que transforma por contacto paciente. [...]