Como creador de *Peanuts* (1950–2000), Schulz convirtió la fragilidad humana en comedia pensante: niños que hablan como filósofos y problemas enormes expresados en gestos pequeños. Esta frase encaja en esa tradición, donde la gracia no ridiculiza el sufrimiento, sino que lo hace manejable.
En ese sentido, su humor se parece a una mini-terapia narrativa: no cambia los hechos, pero cambia el relato interno. Y cuando cambia el relato—del catastrofismo al ingenio—también cambia la sensación de peso con la que cargamos el día. [...]