Más adelante, la frase sugiere que el no saber también puede ser fértil. La inquietud, bien escuchada, suele señalar una frontera: algo que aún no entendemos, una identidad que está cambiando, un deseo que no nos atrevíamos a nombrar. En vez de exigir una respuesta inmediata, Camus parece pedir paciencia activa: sostener la pregunta mientras se construye una salida.
Ese enfoque recuerda a la creación artística y filosófica, donde la obra nace de una incomodidad inicial. La pregunta actúa como molde: delimita el espacio de búsqueda. Y con el tiempo, incluso si no hay una “respuesta total”, queda una forma nueva de vivir, más ajustada a lo que somos. [...]