A la vez, la luna que crece y mengua encarna la alternancia entre plenitud y vacío, tan cara al daoísmo, y recuerda la impermanencia budista. Si todo cambia, sugiere el poeta, aprendamos a encontrar unidad en lo que retorna cíclicamente. De allí se desprende un consuelo: la separación es una fase, no un destino. Otras voces chinas dialogan con esta intuición; Li Bai, en “Pensamiento en la noche tranquila” (s. VIII), al alzar la mirada hacia la misma luna, piensa en el hogar lejano. La tradición confirma así que el astro no solo ilumina, sino que orienta. [...]