A continuación, la frase sugiere un gesto de protección personal: desconectar implica elegir un límite. No se trata únicamente de apagar dispositivos, sino de interrumpir demandas constantes—mensajes, reuniones, tareas—para recuperar agencia.
En la práctica, ese límite puede ser pequeño y aun así poderoso: no contestar de inmediato, cerrar pestañas, salir del ruido. Con ese movimiento, el reinicio deja de ser un lujo y se vuelve una herramienta: al poner un borde al día, evitamos que el día nos consuma. [...]