Luego aparece la “multitud”, un mar de rostros que encarna la confusión del mundo. Buscar entre muchos implica distinguir lo único dentro de lo repetido, y esa tarea no es solo visual: es afectiva. La multitud representa el exceso de estímulos, los caminos posibles, las falsas coincidencias; todo aquello que puede parecerse a lo buscado sin serlo.
Por eso, la escena funciona también como prueba interior. En el gentío, la atención se fragmenta y el deseo se desgasta, pero precisamente allí se mide la autenticidad de la búsqueda. Solo quien sabe lo que anhela—o intuye su forma—puede seguir mirando cuando todos los demás ya se conformaron con lo inmediato. [...]