Para empezar, la frase de Lu Xun propone un orden fértil: sentir primero la indignación sincera frente a lo injusto y, a partir de ese calor, concebir mejores caminos. En su contexto de agitación social, Lu Xun usó la literatura como despertador ético; su Diario de un loco (1918) retrata una sociedad caníbal para desenmascarar la normalización del abuso. La ira, así, no es capricho, sino criterio: ilumina lo que la costumbre oscurece.
Con esa luz inicial, la consigna de inventar permite superar la reacción impulsiva. La indignación honesta identifica con precisión el daño; la imaginación responsable diseña salidas que no reproduzcan la misma violencia que denuncia. Así, la lucidez no enfría la emoción, la orienta. [...]