Finalmente, la frase sugiere un horizonte: sentir que es seguro estar aquí. Los destellos no prometen felicidad permanente, pero sí la posibilidad de construir un suelo. Cuando el cuerpo acumula experiencias pequeñas de seguridad, puede ampliar su ventana de tolerancia: tolerar emociones intensas sin desbordarse, y también permitir placer sin sospecha.
Así, lo diminuto se vuelve estructural. Un conjunto de micro-alegrías puede actuar como recordatorio repetido de que la vida no es solo resistencia. En esa repetición, el sistema nervioso aprende un mensaje nuevo: aquí, a veces, también hay refugio. [...]