Finalmente, la frase puede leerse como un puente entre lo personal y lo colectivo. Los cambios sociales importan, pero si las personas permanecen cautivas de odio, propaganda o adicción a la indignación, la libertad conseguida puede volverse frágil. Por eso, el cultivo interno no compite con la acción externa: la fortalece, porque aporta estabilidad, claridad y perseverancia.
En ese cierre, Thich Nhat Hanh propone una libertad que no depende por completo de las circunstancias. Es una libertad que se entrena en el presente y que, precisamente por nacer dentro, puede acompañarnos en la incertidumbre sin desaparecer cuando el mundo se vuelve difícil. [...]