Enseguida, la cita puede leerse como una observación sobre cómo el dolor no expresado se instala en el cuerpo y en la mente. Aunque no se hable, el daño continúa operando: se convierte en insomnio, ansiedad, irritabilidad, cansancio o desconexión afectiva. En términos psicológicos, el trauma suele intensificarse cuando queda aislado, sin un espacio social donde ser reconocido.
Y aquí la frase se vuelve especialmente contundente: el silencio no neutraliza el problema, solo lo vuelve invisible para los demás. Esa invisibilidad beneficia al agresor o al sistema que lo tolera, mientras la persona afectada queda sola con una carga que, con el tiempo, puede resultar devastadora. [...]