Al mismo tiempo, el cuerpo traduce esas alegrías en estados que favorecen la ecuanimidad. Emociones positivas moderadas se asocian con equilibrio neuroquímico y mejor regulación del estrés; además, una mayor flexibilidad vagal se vincula a capacidad de recuperación (teoría polivagal, Porges). Breves experiencias de asombro también reducen la autoconciencia defensiva y promueven prosocialidad (Keltner y Haidt, 2003; Piff et al., 2015).
Esta fisiología importaría poco sin su efecto práctico: más calma para decidir y más apertura para pedir ayuda. Así, la fortaleza no es endurecerse, sino mantenerse receptivo sin quebrarse. [...]