Finalmente, la cita encierra una responsabilidad sutil: si los milagros se reúnen en torno a un primero, entonces importa muchísimo cuál elegimos iniciar. Optar por un pequeño milagro de compasión genera compañeros afines; optar por uno de resentimiento convoca su propio séquito oscuro. En la práctica, esto significa preguntarnos cada día: ¿qué tipo de milagro estoy dando forma ahora mismo con mis palabras, mis decisiones y mis silencios? Al responder con honestidad, comprendemos que no somos meros espectadores del mundo, sino artesanos de pequeñas causas capaces de atraer grandes consecuencias. [...]