A continuación conviene mirar de dónde provienen esas expectativas. A menudo surgen de normas culturales (estatus, dinero, prestigio), de comparaciones familiares o de la necesidad de otros de validar sus propias decisiones. Incluso pueden ser bienintencionadas: un padre que empuja por “seguridad” o un amigo que insiste en un camino porque le funcionó.
Sin embargo, esa lógica tiene un problema: lo que para alguien fue éxito, para otro puede ser encierro. Por eso, aceptar sin filtro las metas ajenas puede llevar a vivir una vida “correcta” pero poco propia. [...]