El tono de Fey importa: al bromear, reduce la vergüenza y hace compartible la experiencia. El humor funciona como diagnóstico rápido—“esto que siento tiene forma”—y también como permiso para admitir fragilidad sin dramatismo. Algo parecido ocurre cuando un grupo de amigos se ríe de su semana imposible: la risa no niega el estrés, lo vuelve manejable.
Además, el chiste abre una salida conversacional. Decir “estoy blorft” puede ser menos intimidante que confesar “no puedo más”, pero apunta al mismo lugar. Con una palabra inventada se crea un puente: del aislamiento a la complicidad. [...]