Sin embargo, la crítica de la adaptación tiene un riesgo: convertir la lucidez en superioridad o en retirada total. Si uno solo se aparta, puede perder la capacidad de influir y de sostener vínculos; además, aislarse no garantiza libertad interior. Krishnamurti insiste en que la transformación no es solo social, sino psicológica: observar el miedo, la envidia o la necesidad de aprobación dentro de uno mismo.
Así, el desafío se vuelve doble: no someterse a una normalidad enferma, pero tampoco sustituirla por una identidad rígida de “outsider”. La pregunta práctica deja de ser “¿encajo?” y pasa a ser “¿actúo con claridad y compasión en medio de esto?” [...]