Finalmente, la frase de Torvalds revela que forma y resultado no son dimensiones rivales, sino complementarias. Un código elegante suele ser más fácil de probar, más seguro de modificar y más resistente al paso del tiempo. Lo que inicialmente parece una preocupación estética termina convirtiéndose en una ventaja práctica, porque la belleza bien entendida organiza el pensamiento y previene el caos.
Así, la cita encierra una lección duradera: en programación, la excelencia no consiste solo en llegar a la meta, sino en la manera de hacerlo. Cuando una solución combina eficacia con elaboración y armonía, el software deja de ser solo funcional y empieza a merecer admiración. [...]