Esta visión poética encuentra eco en la ciencia contemporánea. Investigaciones recientes en neurocardiología demuestran que el corazón y el cerebro mantienen un diálogo constante, regulando emociones y percepciones (McCraty et al., 2009). Estas respuestas no son meramente automáticas, sino que pueden reflejar una profunda comprensión de nuestro entorno, reforzando la idea de que el cuerpo posee su propia forma de sabiduría. [...]